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martes, 16 de junio de 2015

Los mitos de las dietas 6

Todas las calorías son iguales. Sólo es cuestión de moderarse.





La idea de que, siempre que quememos más calorías de las que consumimos, nos hará perder peso, es completamente errónea. La gran mentira es que perder peso se trata de un balance entre calorías que entran / calorías que salen. Sólo come menos y ejercita más, es el mantra repetido por la industria alimenticia, los gobiernos y las escuelas “oficiales” de medicina y nutrición.


La realidad es que hay “calorías buenas” y “calorías malas”. Y esto es porque la cuestión, es mucho más que un simple problema de matemáticas.

Cuando comemos, nuestra comida interactúa con nuestra biología, que es un complejo sistema adaptativo que va transformando cada bocado. Cada ingesta afecta las hormonas, la química cerebral y el metabolismo. Las calorías del azúcar causan depósito de grasas y picos de hambre. Las proteínas y las grasas promueven la “quema” de grasas.

Lo que cuenta es la CALIDAD de las calorías.
Aquí unos ejemplos de calorías de “alta calidad”:
·         Comidas frescas y caseras (como las que hacía la abuela).
·         Proteínas de buena calidad: productos animales, de animales criados en el campo, no en “fábricas”, huevos orgánicos, pequeños pescados salvajes.
·         Carbohidratos buenos: vegetales de colores vibrantes, frutas como los frutos del bosque (arándanos), manzanas (ecológicas) y kiwis.
·         Frutos secos (nueces) y semillas (chía).
·         Grasas buenas como el aguacate o palta, aceite de oliva extra virgen, aceite de coco y grasas omega 3 de los pescados azules.

martes, 9 de junio de 2015

Los mitos de las dietas 5

No pierdas peso demasiado rápido, lo recuperarás enseguida


Lento y continuo es lo que nos dijeron. Ningún cambio rápido. No pierdas más de ½ kilo por semana. Esto es una gran falacia.

Los estudios muestran lo opuesto: un buen inicio, ayuda a perder más peso a lo largo del tiempo.






Si reinicias tu metabolismo con una rápida desintoxicación de azúcares, comidas procesadas y chatarra, logras un mejor balance de tus hormonas y tu química cerebral, haciendo más fácil mantener los cambios.

La llave es utilizar una estrategia saludable y sostenible para perder peso y que el equilibrio en tus hormonas mediadoras a nivel cerebral no te provoquen un stress por deprivación. Esto permite perder peso y mantenerlo luego.


Si ves resultados, te sentirás más motivad@ y te ayudará a seguir perdiendo peso.


jueves, 7 de mayo de 2015

La epidemia mundial de obesidad: relato de un fracaso

'The Lancet' dedica seis artículos a describir la lucha contra la pandemia 


“A pesar de algunas áreas aisladas de mejora, ningún país ha sido capaz de revertir la epidemia de obesidad hasta la fecha”. Con este tono marcadamente pesimista arranca el primero de los seis artículos que la revista The Lancet dedica a describir el avance del sobrepeso en el mundo y el ritmo “inaceptablemente lento” de las medidas desplegadas para combatir la pandemia de obesidad. Los investigadores que han participado en el contundente despliegue que la revista científica dedica a este tema plantean la necesidad de aplicar políticas dirigidas a fomentar el consumo de alimentos saludables -por ejemplo, a través de los impuestos a la comida basura o vales para comprar fruta y verduras a familias con pocos recursos- pero como parte de una amplia estrategia que debe incluir no solo a los Gobiernos, sino el compromiso de la industria, la presión de la sociedad y el cambio de los comportamientos individuales.
Parte de los artículos se dedican a diseccionar la magnitud del problema. Por ejemplo, a exponer que hay 2.100 millones de personas con sobrepeso en el mundo y que el 37 % de los hombres y el 38 % de las mujeres tienen un índice de masa corporal (IMC, resultado de dividir el peso por la estatura al cuadrado) cuyo resultado es mayor de 25, lo que les sitúa por encima del límite recomendado. O que desde 1980 este valor ha aumentado un 28 % en la población adulta y un 47 % en la infantil.
Uno de los aspectos sobre los que se centra el foco es la obesidad infantil, cómo se ha disparado drásticamente “en menos de una generación” y el impacto de este fenómeno en la edad adulta.A este ritmo, y con las medidas actualmente en vigor, los especialistas cuestionan que se pueda alcanzar el objetivo que se marcó la Organización Mundial de la Salud(OMS) en su plan para el control de las enfermedades no transmisibles de mantener la incidencia de la obesidad en 2025 en los mismos niveles de 2010. “Es necesario un urgente replanteamiento de las causas, los impedimentos y las claves que nos pueden ayudar a cambiar la tendencia respecto a la pandemia global de la obesidad”, reclaman Sabine Kleinert y Richard Horton, miembros del comité editorial de la revista, en un comentario a los seis artículos.
Entre los países desarrollados, los especialistas ponen de ejemplo a Estados Unidos, donde los niños pesan una media de 5 kilos más que hace 30 años y uno de cada tres tiene un IMC superior al recomendado. Pero en los países en desarrollo el sobrepeso también avanza rápidamente, con la paradoja añadida de que, en muchos casos, va acompañado con desnutrición por el abuso de alimentos ricos en calorías y pobres en nutrientes (la fórmula mágica de la comida basura).
Al replicar un modelo que empleó hace décadas la industria del tabaco, el sector de la alimentación tiene un especial interés en dirigir sus mensajes hacia los menores para crear hábitos que puedan mantener en el futuro, según se plasma en uno de los análisis que publica la revista científica. “La repetida exposición a alimentos procesados y bebidas azucaradas crea preferencias de sabores y gusto”, ya sea con el consumo de papillas preparadas, cereales azucarados, bollería industrial, o aperitivos (como patatas fritas). “Los niños gordos son una inversión de ventas futuras”, destaca Tim Lobstein, de la Federación Mundial de Obesidad.
Ante este escenario, la solución es abordar el problema desde un nuevo enfoque. “Nuestra comprensión de la obesidad debe de ser completamente reformulada si deseamos parar y reducir esta epidemia global”, plantea Christina Roberto, de laEscuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard. “Debemos reconocer que los individuos son responsables de su salud, aunque también que desde el ámbito de la alimentación se explotan las vulnerabilidades biológicas (la innata preferencia por los alimentos dulces), psicológicas (a través de las técnicas de marketing) y socioeconómicas (el coste de los productos), lo que hace más sencillo la extensión de la alimentación poco saludable”, añade.El mercado global de comida infantil procesada crecerá este año hasta los 19.000 millones de dólares (16.600 millones de euros), comparado con los 13.700 millones (12.000 millones de euros) de 2007. Frente a ello,"los Gobiernos apenas han tomado medidas para proteger a la infancia y la mayor parte de ellos confían en las iniciativas voluntarias de la industria que no son suficientes para abordar esta tarea”, reflexionan los investigadores.
La parcela reservada a los Gobiernos consistirá en tomar medidas preventivas, entre las que los especialistas en salud pública y obesidad destacan, por ejemplo, desarrollar un código internacional sobre elmarketing de alimentos para proteger la salud de los niños, aplicar programas educativos para enseñar buenas prácticas nutritivas en los colegios, aplicar impuestos a productos como las bebidas azucaradas o ayudas para familias con pocos recursos destinadas a comprar frutas o verduras frescas. Pero la responsabilidad de reducir la prevalencia de la obesidad debe ir más allá del ámbito gubernamental, a juicio de los especialistas. Y ello debe implicar no solo a la industria, sino de forma destacada a los propios ciudadanos, a través de la movilización social.
Un ejemplo de éxito es México y la Alianza por la Salud Alimentaria, una asociación integrada por entidades sociales movilizadas contra el sobrepeso. Como consecuencia de sus esfuerzos, este país aprobó en 2014 un impuesto a las bebidas azucaradas que lo situó en la primera línea de la batalla contra la obesidad en este tipo de iniciativas.

Autor: Jaime Prats
Publicado en el diario El Pais de España el 19 FEB 2015

martes, 10 de marzo de 2015

Los mitos de las dietas 3

Sustituir las carnes por soja


Cada vez es más la 
gente que por diferentes motivos deciden dejar de consumir carnes. Ya sea por gusto u opciones éticas, muchas veces se abusa de la soja, por el alto contenido de proteínas de esta legumbre.
Pero hay dos cuestiones a puntualizar acerca de la soja:

  • en un gran porcentaje y en muchos países, la soja es transgénica. Un OGM, organismo genéticamente modificado. Definitivamente esta es un área de preocupación.
  • cuando es consumida regularmente, la soja puede alterar el sistema endocrino. Es un disrruptor hormonal, que causa disbalance en los niveles de estrógenos y puede promover el desarrollo de cánceres estrógenos dependientes (como el de mama y el de endometrio). Esta alteración hormonal también puede provocar "feminización" en varones.


La soja fermentada (como el miso, el tempeh y algunas salsas de soja) en cambio, es saludable consumirla en pequeñas cantidades. 

En el caso de elegir una dieta vegetariana, es recomendable optar por otras proteínas procedentes de otras legumbres, frutos secos, quinoa y cáñamo, además de vegetales, en vez de soja.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Los mitos de las dietas 2

Beber refrescos sin azúcar o cero calorías

Si estás tratando de recortar calorías en tu dieta tomando bebidas sin azúcar, debes asegurarte de que estén hechas con ingredientes totalmente naturales. 
Las bebidas light o zero contienen colorantes artificiales, conservantes y edulcorantes artificiales (como la sacarina y el aspartamo) y deben ser evitadas. Estos aditivos son peligrosos y cuando se consumen en exceso pueden traer graves enfermedades (neurodegenerativas como Parkinson y Alzheimer, incluso cáncer).

Si el agua simple y 
sencilla no es suficiente, puedes probar hacer tus propias "aguas vitaminizadas" en casa, simplemente agregando unas rodajas de frutas o verduras a una jarra con agua filtrada. El agua con limón o las infusiones de hierbas son grandes opciones como bebidas bajas en azúcar.