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miércoles, 14 de septiembre de 2016

La industria del azúcar pagó a científicos para culpar a las grasas de las enfermedades cardíacas

El post de hoy me alegra. Porque desde hace años, vengo repitiéndole a mis pacientes, que el colesterol no viene de las grasas, que su aumento se debe a los azúcares y las harinas. Algunos me han hecho caso y al cambiar sus hábitos de alimentación, han mejorado no sólo sus valores de colesterol y triglicéridos. Otros, en cambio, me miraron como si les estuviera pidiendo que caminaran sobre sus manos el resto de su vida. Hasta colegas de trabajo, le han dicho a mis pacientes que yo con mis teorías, estoy loca. Pero cuando una está segura y convencida, sigue adelante.

A continuación les dejo la nota publicada el 13/09/16 por Josep Corbella, en La Vanguardia.

"Por una cantidad equivalente a 43.500 euros actuales, tres investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.) publicaron un influyente artículo científico en el que acusaban a las grasas saturadas y eximían al azúcar del aumento de las enfermedades cardiovasculares. Tras la publicación de aquel artículo, las recomendaciones dietéticas para cuidar el corazón se centraron en reducir las grasas saturadas de la dieta y obviaron el papel del azúcar.
“Somos muy conscientes de su interés particular en los carbohidratos y lo trataremos tan bien como podamos”, escribió Mark Hegsted, uno de los autores del artículo, a la Fundación para la Investigación del Azúcar de EE.UU., que le pagó por aquel trabajo.
“Déjeme asegurarle que esto se parece bastante a lo que teníamos en mente y que estamos impacientes por verlo publicado”, le contestó John Hickson, vicepresidente de la fundación de la industria azucarera, cuando Hegsted le enseñó el artículo antes de enviarlo a la revista The New England Journal of Medicine.
Los hechos se remontan a 1967, pero siguen siendo relevantes en la actualidad porque desenmascaran la estrategia de la industria alimentaria de tergiversar los datos científicos, porque muestran los puntos vulnerables de la comunidad científica ante esta estrategia y porque el debate sobre la influencia de los azúcares y de las grasas saturadas en las enfermedades cardiovasculares sigue abierto.
El caso ha salido ahora a la luz gracias a tres investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) que han localizado 27 documentos de la correspondencia entre Mark Hegsted y la dirección de la fundación azucarera. Asimismo, han localizado 319 cartas de uno de los miembros del comité científico asesor de la fundación.
El análisis de estos documentos, presentado esta semana en la revista JAMA Internal Medicine, revela que la industria azucarera de EE.UU. estaba preocupada por los estudios que a principios de los años sesenta relacionaban el consumo de azúcar con las enfermedades cardiovasculares. En aquel momento, había dos teorías enfrentadas sobre la relación entre la dieta y los infartos, una que apuntaba a las grasas saturadas como máximas responsables y otra que apuntaba al azúcar. Hickson, vicepresidente de la fundación azucarera, presentó un plan para “contrarrestar las actitudes negativas hacia el azúcar”.
Fueron figuras claves en este plan Mark Hegsted, Robert McGand y Fredrick Stare, tres especialistas en nutrición de Harvard que aceptaron publicar un artículo encargado por la industria azucarera. Debía ser un artículo de revisión sobre la relación de las enfermedades cardiovasculares con las grasas y los azúcares. Los artículos de revisión sintetizan los datos científicos sobre un tema y, si se presentan en una revista científica importante como en este caso, suelen ser la base de las recomendaciones de salud pública.
Los investigadores de Harvard pusieron el énfasis en estudios que relacionaban las enfermedades cardiovasculares con las grasas saturadas y pasaron por alto aquellos que las relacionaban con el azúcar. Utilizaron la artimaña de considerar significativos sólo los niveles de colesterol –que están relacionados con las grasas– y no los de triglicéridos –que hubieran podido desenmascarar el azúcar–. Y no citaron que habían recibido fondos de la Fundación para la Investigación del Azúcar, algo que en aquella época no era obligatorio y ahora sí lo sería.
Trece años después, en 1980, el gobierno de Washington publicó su primera Guía nutricional para los americanos. Una de las personas que participaron en la redacción del documento fue Mark Hegsted, que entonces ya no trabajaba en Harvard, sino que dirigía el área de nutrición del Departamento de Agricultura de EE.UU. La guía decía que, para prevenir las enfermedades cardiovasculares, había que reducir las grasas y el colesterol. No citaba el azúcar."

Hasta aquí la nota citada.

Para quien quiera leer la fuente original de The New York Times (en inglés) del día 12/09/16, les dejo este link: http://www.nytimes.com/2016/09/13/well/eat/how-the-sugar-industry-shifted-blame-to-fat.html?rref=collection%2Ftimestopic%2FSugar&action=click&contentCollection=timestopics&region=stream&module=stream_unit&version=latest&contentPlacement=1&pgtype=collection&_r=0

Yo agrego, que no sólo es el azúcar. También son todas las harinas refinadas. En futuras notas aclararé lo que digo.

Ahora queda esperar pacientemente a que lo mismo ocurra con la industria láctea. Tema de otro post en breve.

Dra. María Laura Grubicy

martes, 16 de junio de 2015

Los mitos de las dietas 6

Todas las calorías son iguales. Sólo es cuestión de moderarse.





La idea de que, siempre que quememos más calorías de las que consumimos, nos hará perder peso, es completamente errónea. La gran mentira es que perder peso se trata de un balance entre calorías que entran / calorías que salen. Sólo come menos y ejercita más, es el mantra repetido por la industria alimenticia, los gobiernos y las escuelas “oficiales” de medicina y nutrición.


La realidad es que hay “calorías buenas” y “calorías malas”. Y esto es porque la cuestión, es mucho más que un simple problema de matemáticas.

Cuando comemos, nuestra comida interactúa con nuestra biología, que es un complejo sistema adaptativo que va transformando cada bocado. Cada ingesta afecta las hormonas, la química cerebral y el metabolismo. Las calorías del azúcar causan depósito de grasas y picos de hambre. Las proteínas y las grasas promueven la “quema” de grasas.

Lo que cuenta es la CALIDAD de las calorías.
Aquí unos ejemplos de calorías de “alta calidad”:
·         Comidas frescas y caseras (como las que hacía la abuela).
·         Proteínas de buena calidad: productos animales, de animales criados en el campo, no en “fábricas”, huevos orgánicos, pequeños pescados salvajes.
·         Carbohidratos buenos: vegetales de colores vibrantes, frutas como los frutos del bosque (arándanos), manzanas (ecológicas) y kiwis.
·         Frutos secos (nueces) y semillas (chía).
·         Grasas buenas como el aguacate o palta, aceite de oliva extra virgen, aceite de coco y grasas omega 3 de los pescados azules.

martes, 9 de junio de 2015

Los mitos de las dietas 5

No pierdas peso demasiado rápido, lo recuperarás enseguida


Lento y continuo es lo que nos dijeron. Ningún cambio rápido. No pierdas más de ½ kilo por semana. Esto es una gran falacia.

Los estudios muestran lo opuesto: un buen inicio, ayuda a perder más peso a lo largo del tiempo.






Si reinicias tu metabolismo con una rápida desintoxicación de azúcares, comidas procesadas y chatarra, logras un mejor balance de tus hormonas y tu química cerebral, haciendo más fácil mantener los cambios.

La llave es utilizar una estrategia saludable y sostenible para perder peso y que el equilibrio en tus hormonas mediadoras a nivel cerebral no te provoquen un stress por deprivación. Esto permite perder peso y mantenerlo luego.


Si ves resultados, te sentirás más motivad@ y te ayudará a seguir perdiendo peso.


martes, 10 de marzo de 2015

Los mitos de las dietas 3

Sustituir las carnes por soja


Cada vez es más la 
gente que por diferentes motivos deciden dejar de consumir carnes. Ya sea por gusto u opciones éticas, muchas veces se abusa de la soja, por el alto contenido de proteínas de esta legumbre.
Pero hay dos cuestiones a puntualizar acerca de la soja:

  • en un gran porcentaje y en muchos países, la soja es transgénica. Un OGM, organismo genéticamente modificado. Definitivamente esta es un área de preocupación.
  • cuando es consumida regularmente, la soja puede alterar el sistema endocrino. Es un disrruptor hormonal, que causa disbalance en los niveles de estrógenos y puede promover el desarrollo de cánceres estrógenos dependientes (como el de mama y el de endometrio). Esta alteración hormonal también puede provocar "feminización" en varones.


La soja fermentada (como el miso, el tempeh y algunas salsas de soja) en cambio, es saludable consumirla en pequeñas cantidades. 

En el caso de elegir una dieta vegetariana, es recomendable optar por otras proteínas procedentes de otras legumbres, frutos secos, quinoa y cáñamo, además de vegetales, en vez de soja.


lunes, 17 de noviembre de 2014

Los mitos de las dietas 1

Dietas bajas en grasas

El cerebro humano está formado  casi en un 60%, por grasa. Las grasas, particularmente los ácidos grasos omega 3, son fundamentales para un buen funcionamiento cerebral. Y esas grasas las debemos obtener a través de los alimentos que ingerimos. Por eso se llaman ácidos grasos esenciales.


Así como es importante evitar las grasas trans de fuentes altamente industrializadas, como los aceites vegetales hidrogenados (por ejemplo margarina), hay muchas grasas saludables que son importantes y se deben  incluir en la dieta.
Aceite de lino, aguacates, pescados azules, nueces y semillas son algunas buenas fuentes de grasas saludables omega 3