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miércoles, 14 de septiembre de 2016

La industria del azúcar pagó a científicos para culpar a las grasas de las enfermedades cardíacas

El post de hoy me alegra. Porque desde hace años, vengo repitiéndole a mis pacientes, que el colesterol no viene de las grasas, que su aumento se debe a los azúcares y las harinas. Algunos me han hecho caso y al cambiar sus hábitos de alimentación, han mejorado no sólo sus valores de colesterol y triglicéridos. Otros, en cambio, me miraron como si les estuviera pidiendo que caminaran sobre sus manos el resto de su vida. Hasta colegas de trabajo, le han dicho a mis pacientes que yo con mis teorías, estoy loca. Pero cuando una está segura y convencida, sigue adelante.

A continuación les dejo la nota publicada el 13/09/16 por Josep Corbella, en La Vanguardia.

"Por una cantidad equivalente a 43.500 euros actuales, tres investigadores de la Universidad de Harvard (EE.UU.) publicaron un influyente artículo científico en el que acusaban a las grasas saturadas y eximían al azúcar del aumento de las enfermedades cardiovasculares. Tras la publicación de aquel artículo, las recomendaciones dietéticas para cuidar el corazón se centraron en reducir las grasas saturadas de la dieta y obviaron el papel del azúcar.
“Somos muy conscientes de su interés particular en los carbohidratos y lo trataremos tan bien como podamos”, escribió Mark Hegsted, uno de los autores del artículo, a la Fundación para la Investigación del Azúcar de EE.UU., que le pagó por aquel trabajo.
“Déjeme asegurarle que esto se parece bastante a lo que teníamos en mente y que estamos impacientes por verlo publicado”, le contestó John Hickson, vicepresidente de la fundación de la industria azucarera, cuando Hegsted le enseñó el artículo antes de enviarlo a la revista The New England Journal of Medicine.
Los hechos se remontan a 1967, pero siguen siendo relevantes en la actualidad porque desenmascaran la estrategia de la industria alimentaria de tergiversar los datos científicos, porque muestran los puntos vulnerables de la comunidad científica ante esta estrategia y porque el debate sobre la influencia de los azúcares y de las grasas saturadas en las enfermedades cardiovasculares sigue abierto.
El caso ha salido ahora a la luz gracias a tres investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.) que han localizado 27 documentos de la correspondencia entre Mark Hegsted y la dirección de la fundación azucarera. Asimismo, han localizado 319 cartas de uno de los miembros del comité científico asesor de la fundación.
El análisis de estos documentos, presentado esta semana en la revista JAMA Internal Medicine, revela que la industria azucarera de EE.UU. estaba preocupada por los estudios que a principios de los años sesenta relacionaban el consumo de azúcar con las enfermedades cardiovasculares. En aquel momento, había dos teorías enfrentadas sobre la relación entre la dieta y los infartos, una que apuntaba a las grasas saturadas como máximas responsables y otra que apuntaba al azúcar. Hickson, vicepresidente de la fundación azucarera, presentó un plan para “contrarrestar las actitudes negativas hacia el azúcar”.
Fueron figuras claves en este plan Mark Hegsted, Robert McGand y Fredrick Stare, tres especialistas en nutrición de Harvard que aceptaron publicar un artículo encargado por la industria azucarera. Debía ser un artículo de revisión sobre la relación de las enfermedades cardiovasculares con las grasas y los azúcares. Los artículos de revisión sintetizan los datos científicos sobre un tema y, si se presentan en una revista científica importante como en este caso, suelen ser la base de las recomendaciones de salud pública.
Los investigadores de Harvard pusieron el énfasis en estudios que relacionaban las enfermedades cardiovasculares con las grasas saturadas y pasaron por alto aquellos que las relacionaban con el azúcar. Utilizaron la artimaña de considerar significativos sólo los niveles de colesterol –que están relacionados con las grasas– y no los de triglicéridos –que hubieran podido desenmascarar el azúcar–. Y no citaron que habían recibido fondos de la Fundación para la Investigación del Azúcar, algo que en aquella época no era obligatorio y ahora sí lo sería.
Trece años después, en 1980, el gobierno de Washington publicó su primera Guía nutricional para los americanos. Una de las personas que participaron en la redacción del documento fue Mark Hegsted, que entonces ya no trabajaba en Harvard, sino que dirigía el área de nutrición del Departamento de Agricultura de EE.UU. La guía decía que, para prevenir las enfermedades cardiovasculares, había que reducir las grasas y el colesterol. No citaba el azúcar."

Hasta aquí la nota citada.

Para quien quiera leer la fuente original de The New York Times (en inglés) del día 12/09/16, les dejo este link: http://www.nytimes.com/2016/09/13/well/eat/how-the-sugar-industry-shifted-blame-to-fat.html?rref=collection%2Ftimestopic%2FSugar&action=click&contentCollection=timestopics&region=stream&module=stream_unit&version=latest&contentPlacement=1&pgtype=collection&_r=0

Yo agrego, que no sólo es el azúcar. También son todas las harinas refinadas. En futuras notas aclararé lo que digo.

Ahora queda esperar pacientemente a que lo mismo ocurra con la industria láctea. Tema de otro post en breve.

Dra. María Laura Grubicy

miércoles, 7 de septiembre de 2016

La Vitamina D

La vitamina D es una gran cuestión... 


La mayoría de las vitaminas en nuestro cuerpo provienen de fuentes externas como la comida, pero la vitamina D es diferente. Nosotros, los humanos, la fabricamos nosotros mismos. Lo que es aún más interesante es que en realidad no es una vitamina, hoy en día es considerada un precursor hormonal, similar a los esteroides como el cortisol y la testosterona.

Cuando la luz UVB del sol estimula la piel, interactúa con una forma de colesterol llamado 7-dehidrocolesterol, y se transforma en vitamina D3 (colecalciferol). Pero todavía tiene que pasar por el hígado y los riñones para convertirse en la forma activada de la vitamina D que podemos usar, llamada calcitriol.

Una vez activada, se puede unir a sus receptores específicos, que están en todos los tejidos del organismo. De hecho, los receptores se encuentran en el cerebro, el corazón, la piel, las gónadas, la próstata, las mamas, y ​​hay incluso activación de receptores en el intestino, hueso, riñón y células de las glándulas paratiroides.

¿Por qué es tan importante?

Significa que la vitamina D está involucrada en la función cerebral, la salud cardiovascular, inmunológica, ósea y articular, y prácticamente en cada proceso crítico que nos mantiene vivos.
También es considerada esencial debido a algunas de estas funciones más específicas:

* La promoción de la mineralización y el crecimiento de los huesos
* La activación de las células T asesinas para la defensa contra las infecciones y las bacterias
* Reducción de la inflamación crónica
* La modulación de la expresión de genes que regulan la proliferación celular, la apoptosis y la diferenciación, (lo que sugiere una conexión potencial al cáncer cuando hay déficit)

En diversos estudios publicados, se observó que la población actual, tiene un gran déficit de vitamina D. Por eso es muy importante chequear el valor en sangre de esta vitamina. En mis pacientes hago un control rutinario de sus niveles, y en caso de necesitar suplementarse, el control es más riguroso. Al ser una vitamina liposoluble, puede provocarse una sobredosis, que tampoco es deseable. 

Mantener los niveles adecuados de vitamina D, contribuye a tener más éxito en la pérdida de peso, mejor control de los niveles de colesterol en sangre, mejora de los síntomas por intolerancias alimenticias (como inflamación intestinal, dolores articulares, fibromialgia, etc)   

¿En dónde se encuentra?

Una gran fuente es el aceite de hígado de bacalao. Y le siguen en importancia todos los pescados azules frescos y en menor medida en conserva. Luego encontramos a los champignones y la yema de huevo. Muy por debajo las carnes y los lácteos.

La exposición solar es la mejor estrategia para obtener cantidades adecuadas de Vitamina D3 endógena que se almacena en el tejido graso y queda como depósito para los momentos donde hay menor exposición solar, como ocurre en el invierno (en los países que tienen diferencias estacionales). 
La exposición recomendada es aquella que, sin protector solar, provoque un enrojecimiento mínimo de la piel, en traje de baño. Esto variará en función del día, la época del año, la latitud, la altitud y la pigmentación de la piel. 


Dra. María Laura Grubicy

martes, 16 de junio de 2015

Los mitos de las dietas 6

Todas las calorías son iguales. Sólo es cuestión de moderarse.





La idea de que, siempre que quememos más calorías de las que consumimos, nos hará perder peso, es completamente errónea. La gran mentira es que perder peso se trata de un balance entre calorías que entran / calorías que salen. Sólo come menos y ejercita más, es el mantra repetido por la industria alimenticia, los gobiernos y las escuelas “oficiales” de medicina y nutrición.


La realidad es que hay “calorías buenas” y “calorías malas”. Y esto es porque la cuestión, es mucho más que un simple problema de matemáticas.

Cuando comemos, nuestra comida interactúa con nuestra biología, que es un complejo sistema adaptativo que va transformando cada bocado. Cada ingesta afecta las hormonas, la química cerebral y el metabolismo. Las calorías del azúcar causan depósito de grasas y picos de hambre. Las proteínas y las grasas promueven la “quema” de grasas.

Lo que cuenta es la CALIDAD de las calorías.
Aquí unos ejemplos de calorías de “alta calidad”:
·         Comidas frescas y caseras (como las que hacía la abuela).
·         Proteínas de buena calidad: productos animales, de animales criados en el campo, no en “fábricas”, huevos orgánicos, pequeños pescados salvajes.
·         Carbohidratos buenos: vegetales de colores vibrantes, frutas como los frutos del bosque (arándanos), manzanas (ecológicas) y kiwis.
·         Frutos secos (nueces) y semillas (chía).
·         Grasas buenas como el aguacate o palta, aceite de oliva extra virgen, aceite de coco y grasas omega 3 de los pescados azules.

martes, 9 de junio de 2015

Los mitos de las dietas 5

No pierdas peso demasiado rápido, lo recuperarás enseguida


Lento y continuo es lo que nos dijeron. Ningún cambio rápido. No pierdas más de ½ kilo por semana. Esto es una gran falacia.

Los estudios muestran lo opuesto: un buen inicio, ayuda a perder más peso a lo largo del tiempo.






Si reinicias tu metabolismo con una rápida desintoxicación de azúcares, comidas procesadas y chatarra, logras un mejor balance de tus hormonas y tu química cerebral, haciendo más fácil mantener los cambios.

La llave es utilizar una estrategia saludable y sostenible para perder peso y que el equilibrio en tus hormonas mediadoras a nivel cerebral no te provoquen un stress por deprivación. Esto permite perder peso y mantenerlo luego.


Si ves resultados, te sentirás más motivad@ y te ayudará a seguir perdiendo peso.


jueves, 7 de mayo de 2015

La epidemia mundial de obesidad: relato de un fracaso

'The Lancet' dedica seis artículos a describir la lucha contra la pandemia 


“A pesar de algunas áreas aisladas de mejora, ningún país ha sido capaz de revertir la epidemia de obesidad hasta la fecha”. Con este tono marcadamente pesimista arranca el primero de los seis artículos que la revista The Lancet dedica a describir el avance del sobrepeso en el mundo y el ritmo “inaceptablemente lento” de las medidas desplegadas para combatir la pandemia de obesidad. Los investigadores que han participado en el contundente despliegue que la revista científica dedica a este tema plantean la necesidad de aplicar políticas dirigidas a fomentar el consumo de alimentos saludables -por ejemplo, a través de los impuestos a la comida basura o vales para comprar fruta y verduras a familias con pocos recursos- pero como parte de una amplia estrategia que debe incluir no solo a los Gobiernos, sino el compromiso de la industria, la presión de la sociedad y el cambio de los comportamientos individuales.
Parte de los artículos se dedican a diseccionar la magnitud del problema. Por ejemplo, a exponer que hay 2.100 millones de personas con sobrepeso en el mundo y que el 37 % de los hombres y el 38 % de las mujeres tienen un índice de masa corporal (IMC, resultado de dividir el peso por la estatura al cuadrado) cuyo resultado es mayor de 25, lo que les sitúa por encima del límite recomendado. O que desde 1980 este valor ha aumentado un 28 % en la población adulta y un 47 % en la infantil.
Uno de los aspectos sobre los que se centra el foco es la obesidad infantil, cómo se ha disparado drásticamente “en menos de una generación” y el impacto de este fenómeno en la edad adulta.A este ritmo, y con las medidas actualmente en vigor, los especialistas cuestionan que se pueda alcanzar el objetivo que se marcó la Organización Mundial de la Salud(OMS) en su plan para el control de las enfermedades no transmisibles de mantener la incidencia de la obesidad en 2025 en los mismos niveles de 2010. “Es necesario un urgente replanteamiento de las causas, los impedimentos y las claves que nos pueden ayudar a cambiar la tendencia respecto a la pandemia global de la obesidad”, reclaman Sabine Kleinert y Richard Horton, miembros del comité editorial de la revista, en un comentario a los seis artículos.
Entre los países desarrollados, los especialistas ponen de ejemplo a Estados Unidos, donde los niños pesan una media de 5 kilos más que hace 30 años y uno de cada tres tiene un IMC superior al recomendado. Pero en los países en desarrollo el sobrepeso también avanza rápidamente, con la paradoja añadida de que, en muchos casos, va acompañado con desnutrición por el abuso de alimentos ricos en calorías y pobres en nutrientes (la fórmula mágica de la comida basura).
Al replicar un modelo que empleó hace décadas la industria del tabaco, el sector de la alimentación tiene un especial interés en dirigir sus mensajes hacia los menores para crear hábitos que puedan mantener en el futuro, según se plasma en uno de los análisis que publica la revista científica. “La repetida exposición a alimentos procesados y bebidas azucaradas crea preferencias de sabores y gusto”, ya sea con el consumo de papillas preparadas, cereales azucarados, bollería industrial, o aperitivos (como patatas fritas). “Los niños gordos son una inversión de ventas futuras”, destaca Tim Lobstein, de la Federación Mundial de Obesidad.
Ante este escenario, la solución es abordar el problema desde un nuevo enfoque. “Nuestra comprensión de la obesidad debe de ser completamente reformulada si deseamos parar y reducir esta epidemia global”, plantea Christina Roberto, de laEscuela de Salud Pública T. H. Chan de Harvard. “Debemos reconocer que los individuos son responsables de su salud, aunque también que desde el ámbito de la alimentación se explotan las vulnerabilidades biológicas (la innata preferencia por los alimentos dulces), psicológicas (a través de las técnicas de marketing) y socioeconómicas (el coste de los productos), lo que hace más sencillo la extensión de la alimentación poco saludable”, añade.El mercado global de comida infantil procesada crecerá este año hasta los 19.000 millones de dólares (16.600 millones de euros), comparado con los 13.700 millones (12.000 millones de euros) de 2007. Frente a ello,"los Gobiernos apenas han tomado medidas para proteger a la infancia y la mayor parte de ellos confían en las iniciativas voluntarias de la industria que no son suficientes para abordar esta tarea”, reflexionan los investigadores.
La parcela reservada a los Gobiernos consistirá en tomar medidas preventivas, entre las que los especialistas en salud pública y obesidad destacan, por ejemplo, desarrollar un código internacional sobre elmarketing de alimentos para proteger la salud de los niños, aplicar programas educativos para enseñar buenas prácticas nutritivas en los colegios, aplicar impuestos a productos como las bebidas azucaradas o ayudas para familias con pocos recursos destinadas a comprar frutas o verduras frescas. Pero la responsabilidad de reducir la prevalencia de la obesidad debe ir más allá del ámbito gubernamental, a juicio de los especialistas. Y ello debe implicar no solo a la industria, sino de forma destacada a los propios ciudadanos, a través de la movilización social.
Un ejemplo de éxito es México y la Alianza por la Salud Alimentaria, una asociación integrada por entidades sociales movilizadas contra el sobrepeso. Como consecuencia de sus esfuerzos, este país aprobó en 2014 un impuesto a las bebidas azucaradas que lo situó en la primera línea de la batalla contra la obesidad en este tipo de iniciativas.

Autor: Jaime Prats
Publicado en el diario El Pais de España el 19 FEB 2015

martes, 21 de abril de 2015

Los mitos de las dietas 4

No se deben consumir más de 2 huevos por semana

Como la yema del huevo es rica en colesterol, durante décadas se recomendó limitar su consumo a 2 por semana, para evitar elevar los niveles de colesterol en sangre. 

Actualmente sabemos que no es así. Muchos estudios observaron que no hay una relación entre la ingesta de huevos enteros y el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. De hecho, en el 70% de las personas estudiadas, los huevos no demostraron tener ningún tipo de efecto sobre los niveles de colesterol. Y en el 30% restante, se apreció un aumento del colesterol HDL (que es el conocido como colesterol "bueno"). 

Los huevos están entre los alimentos más nutritivos:
  • Están cargados con proteína de alta calidad y los 9 aminoácidos esenciales, grasas saludables, vitaminas y minerales
  • Son muy ricos en colina, nutriente fundamental para el cerebro
  • Contienen luteína y zeaxantina, poderosos antioxidantes que son protectores de la salud ocular, evitando varias enfermedades de los ojos (como las cataratas y la degeneración macular).
  • Son "amigables" con las dietas para bajar de peso, ya que producen saciedad.
1 ó 2 huevos al día son recomendables. Son baratos, fáciles de preparar y saben muy bien. 
Una recomendación: debemos elegir huevos orgánicos de gallinas de pastoreo. 



lunes, 16 de marzo de 2015

20 ingredientes que ocultan el gluten

El gluten es una proteína hallada en ciertos cereales: el trigo, la avena, la cebada y el centeno. (La avena es un tema controvertido que trataré en otro post)
Es sencillo para celíacos y sensibles al gluten no celíacos buscar rápidamente en la lista de ingredientes de algún alimento los nombres de los cuatro cereales. Pero la industria alimenticia, una vez más, nos hace esta tarea un poco más complicada.
El gluten se encuentra prácticamente en todo. Se lo suele encontrar escondido bajo nombres como, proteína vegetal hidrolizada, almidón modificado o proteína vegetal.
Para colaborar les dejo una lista con los sinónimos más utilizados por la industria. Estos son ingredientes a ser evitados para asegurarse de no estar consumiendo gluten bajo otro nombre.


  •  Almidón de trigo, almidón modificado. Los almidones modificados son los E-1404 al E-1450.
  •   Colorantes y saborizantes artificiales
  •   Colorante/saborizante caramelo
  •   Ácido cítrico (puede ser fermentado del trigo, maíz, melaza o remolacha)
  •   Cereales, amiláceos, fécula, fibra, espesantes, sémola,
  •   Proteínas vegetales, hidrolizado de proteínas vegetales, proteína vegetal texturizada
  •   Extracto de malta, malta, jarabe de malta
  •   Jarabe de glucosa
  •   Jugos naturales
  •   Levadura, extracto de levadura, especias
  •   Polvo para hornear
  •   Dextrinas, dextromaltosa, maltodextrina
  •   Diglicéridos, glicéridos
  •   Emulsificantes
  •   Estabilizantes
  •   Glutamato monosódico (MSG)
   
   Lleva esta lista siempre que vayas de compras, así no te quedan dudas.
   Busca el logo SIEMPRE.






martes, 10 de marzo de 2015

Los mitos de las dietas 3

Sustituir las carnes por soja


Cada vez es más la 
gente que por diferentes motivos deciden dejar de consumir carnes. Ya sea por gusto u opciones éticas, muchas veces se abusa de la soja, por el alto contenido de proteínas de esta legumbre.
Pero hay dos cuestiones a puntualizar acerca de la soja:

  • en un gran porcentaje y en muchos países, la soja es transgénica. Un OGM, organismo genéticamente modificado. Definitivamente esta es un área de preocupación.
  • cuando es consumida regularmente, la soja puede alterar el sistema endocrino. Es un disrruptor hormonal, que causa disbalance en los niveles de estrógenos y puede promover el desarrollo de cánceres estrógenos dependientes (como el de mama y el de endometrio). Esta alteración hormonal también puede provocar "feminización" en varones.


La soja fermentada (como el miso, el tempeh y algunas salsas de soja) en cambio, es saludable consumirla en pequeñas cantidades. 

En el caso de elegir una dieta vegetariana, es recomendable optar por otras proteínas procedentes de otras legumbres, frutos secos, quinoa y cáñamo, además de vegetales, en vez de soja.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Los mitos de las dietas 2

Beber refrescos sin azúcar o cero calorías

Si estás tratando de recortar calorías en tu dieta tomando bebidas sin azúcar, debes asegurarte de que estén hechas con ingredientes totalmente naturales. 
Las bebidas light o zero contienen colorantes artificiales, conservantes y edulcorantes artificiales (como la sacarina y el aspartamo) y deben ser evitadas. Estos aditivos son peligrosos y cuando se consumen en exceso pueden traer graves enfermedades (neurodegenerativas como Parkinson y Alzheimer, incluso cáncer).

Si el agua simple y 
sencilla no es suficiente, puedes probar hacer tus propias "aguas vitaminizadas" en casa, simplemente agregando unas rodajas de frutas o verduras a una jarra con agua filtrada. El agua con limón o las infusiones de hierbas son grandes opciones como bebidas bajas en azúcar.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Los mitos de las dietas 1

Dietas bajas en grasas

El cerebro humano está formado  casi en un 60%, por grasa. Las grasas, particularmente los ácidos grasos omega 3, son fundamentales para un buen funcionamiento cerebral. Y esas grasas las debemos obtener a través de los alimentos que ingerimos. Por eso se llaman ácidos grasos esenciales.


Así como es importante evitar las grasas trans de fuentes altamente industrializadas, como los aceites vegetales hidrogenados (por ejemplo margarina), hay muchas grasas saludables que son importantes y se deben  incluir en la dieta.
Aceite de lino, aguacates, pescados azules, nueces y semillas son algunas buenas fuentes de grasas saludables omega 3

viernes, 7 de noviembre de 2014

Alimentación y genética



Con la entrada del siglo XXI, se logra concluir en 2003 con el Proyecto Genoma Humano (que determina la secuencia total de los más de 20000 genes del ser humano), que conociéndolo se esperaba poder saber más sobre las enfermedades transmitidas genéticamente.

Se fueron desarrollando pruebas genéticas, que muestran la predisposición a una variedad de enfermedades (cánceres de distintos tipos, trastornos de la hemostasia, fibrosis quística, enfermedades hepáticas y muchísimas más).



Pero lo más interesante que se pudo conocer, fue que el medio ambiente es mucho más importante en la expresión de estos genes, de lo que se creía. 
Hábitos de vida saludables demostraron la capacidad de "encender" o "apagar" segmentos de los genes responsables de expresar una enfermedad específica. 

Una de las formas que tenemos para influir en los genes, sin cambiar su estructura básica, es a través de lo que comemos. 

Podríamos decir que nuestros genes son el arma cargada, pero nuestros hábitos de vida son los que aprietan el gatillo. 

El impacto de la nutrición sobre nuestros genes, es llamada nutrigenómica

Nuestro tenedor es tan poderoso, que no sólo es utilizado para transportar comida a nuestra boca, sino que también cumple la función de interruptor encendido/apagado para alterar nuestro peso corporal, los niveles en sangre del colesterol, desarrollo del cáncer y hasta nuestras posibilidades de envejecer saludablemente.

Cuando Hipócrates escribió hace 2400 años "que la comida sea tu medicina", no imaginó que la ciencia con sus avances, lo reconocería como visionario. 

La comida no es más una simple fuente de calorías, conteniendo proteínas, grasas y carbohidratos. La comida es información que puede ser vista como un control remoto de nuestros genes, encendiéndolos y apagándolos en una increíble variedad de modificaciones.

Como conclusión, debemos saber que no somos nuestros genes. Ellos son parte de nuestra historia. ¿Nos predisponen? Si. ¿Nos condenan? No.

Dra. María Laura Grubicy



viernes, 31 de octubre de 2014

¿Qué es la hiperpermeabilidad intestinal?

El intestino delgado es un órgano muy largo, de unos 7-8 metros de longitud. En su cara interior o luz está recubierto por una delgadísima membrana, que es una capa de pequeñas células o enterocitos, firmemente unidas entre sí. Estas uniones deben mantener al contenido intestinal ( como partículas de alimentos sin digerir, bacterias y residuos metabólicos) lejos del torrente sanguíneo.

Cuando, por distintos motivos, esas uniones se rompen, aparecen pequeños poros en la membrana.

La hiperpermeabilidad intestinal ocurre cuando se desarrollan esos poros entre las células que forman la fina superficie de la pared del intestino. Estos pequeños poros permiten que diversas sustancias,  que deberían estar confinadas al tracto digestivo, penetren en el torrente sanguíneo. Por ejemplo partículas de alimentos sin digerir, bacterias y deshechos metabólicos.

Una vez que la integridad de la pared intestinal fue comprometida, las bacterias, metabolitos tóxicos y los alimentos semidigeridos que pasan al torrente sanguíneo son reconocidos como invasores por el sistema inmunológico.

El sistema inmunológico etiqueta estos "invasores", marcándolos como amenazas para la salud. Esto causa una respuesta inmune a través de todo el cuerpo, que puede manifestarse como colon irritable, fatiga, migrañas, niebla cerebral (brain fog), artritis, enfermedades inflamatorias del intestino, psoriasis, eczema, alergias y enfermedades autoinmunes, entre otras. Y cada vez que el organismo está expuesto a estas sustancias, el sistema inmunológico reacciona agresivamente, desencadenando una respuesta inflamatoria.


¿Qué causa el síndrome de intestino permeable o hiperpermeabilidad intestinal (leaky gut)?



Sensibilidades o intolerancias alimenticias
Antibióticos
Antiinflamatorios no esteroideos, como el ibuprofeno o el paracetamol
Stress
Alcohol
Infecciones
Cafeína
Dietas ricas en comidas procesadas y carnes rojas


Dra. María Laura Grubicy

viernes, 11 de abril de 2014

Dolores de cabeza. ¿Qué podemos hacer?

Dra. María Laura Grubicy

Casi todos hemos tenido un dolor de cabeza en algún momento. Pero cada vez más, en mi práctica diaria, veo gente a la que el dolor de cabeza se le transformó en frecuente, debilitante y que le cuesta parte de su vida diaria.

Estos dolores se pueden agrupar en dos grandes grupos: migrañas y cefaleas tensionales.

Las migrañas generalmente se localizan en un lado de la cabeza, son pulsátiles u opresivas, y frecuentemente se acompañan de hipersensibilidad a la luz o al sonido, náuseas o vómitos. También suelen ser precedidas por un síntoma particular llamado aura, o algún trastorno temporal de la visión.

Las cefaleas tensionales habitualmente se localizan en los dos lados de la cabeza y no se acompañan en general del resto de los síntomas asociados a las migrañas.

Si tienes frecuentemente cefaleas de cualquiera de estos tipos, seguramente has probado combatirlas con todo el arsenal de antiinflamatorios y analgésicos más comunes (ibuprofeno, aspirina, paracetamol, etc). Y tal vez algún médico te haya prescrito medicaciones más específicas como sumatriptan u otros triptanos, que actúan contrayendo los vasos de sangre inflamados en el cerebro. O quizás hasta intentaste con masajes y acupuntura, que ayudan mucho a manejar mejor los síntomas.


Pero nadie parece hacerse la más importante de las preguntas. ¿Qué causa los dolores de cabeza? ¿Cuáles son sus disparadores? Y ¿Cómo podemos detenerlas o al menos disminuirlas?

Hay varias causas subyacentes en los dolores de cabeza y soluciones para mejorarlas.

1-      Sensibilidades alimenticias

Para algunos pacientes eliminar alimentos inflamatorios es suficiente. Los irritantes más relacionados son azúcar, cafeína, edulcorantes artificiales, alimentos procesados que contienen colorantes y conservantes artificiales, lácteos y gluten.

Otros pacientes tienen además algún grado de intolerancia alimenticia, que les causan las jaquecas. Los grandes culpables suelen ser los lácteos y el gluten. Pero puede haber casos en los que los huevos, el maíz o algunas verduras solanáceas (pimientos, berenjenas, tomates y patatas blancas)  provoquen crisis de dolor.

Lo más recomendable es hacer una dieta libre de este tipo de alimentos, con la guía del médico, por lo menos durante 21 días y ver si los síntomas mejoran. En caso de que con el médico logren encontrar el causante, se debe realizar el tratamiento adecuado.

2-      Stress

El estrés psicológico y emocional son el principal motor para las cefaleas. Se debe trabajar en encontrar las causas del estrés y aprender a manejarlo. Algunas técnicas sencillas de meditación pueden ayudar mucho, al igual que una psicoterapia o coaching. Y es fundamental la realización de algún ejercicio con frecuencia.

3-      Tensión muscular

Estar muchas horas sentado en un escritorio, frente a la pantalla de un ordenador, hablando por teléfono o realizando algún movimiento repetitivo, puede ser causa de cefaleas tensionales.

Si este es tu caso, debes levantarte de tu escritorio cada 1 hora y caminar por 5 minutos por tu oficina o, mejor aún, fuera de ella. Esto no sólo va a estimular tu metabolismo, le va a dar a tus músculos la posibilidad de relajarse y reajustarse.

También puedes tomar clases de yoga. Caminar, correr, pedalear o levantar pesas, implican movimientos lineares repetitivos que incrementan la tensión muscular. El yoga alarga, extiende y contorsiona el cuerpo de manera no lineal, ayudando a aliviar la tensión. Además aumenta la propiocepción, que es la capacidad de sentir la posición de las distintas partes del cuerpo en el espacio.


4-      Disbalances hormonales

Tus glándulas suprarrenales, tiroides, ovarios o testículos secretan hormonas que son responsables de la regulación minuto a minuto de cada sistema y cada proceso en tu cuerpo. Si alguna de ellas falla, puedes experimentar cefaleas.

Es importante hacer un chequeo completo de tus hormonas para ver si ese disbalance puede ser la causa de las jaquecas.



martes, 8 de abril de 2014

El Magnesio, el mineral olvidado.

Esencial para la vida, necesario para una buena salud y componente vital de todas nuestras células, el magnesio ayuda a mantener el balance en nuestros organismos, evitar enfermedades, desempeñarnos bien bajo el estrés y sostener un estado general de buena salud.

No se habla mucho sobre el magnesio, sin embargo según el estudio INCA 2006-2007, el 84% de la población tiene carencia de este mineral tan importante y las consecuencias de salud causadas por esta deficiencia son bastante significativas. La razón es porque el magnesio cumple muchísimas funciones y su papel en la salud ha sido subestimado.

En un gran número de estudios, se han listado más de 100 beneficios en la salud gracias al magnesio, entre los que podemos destacar:

·         Mejora el dolor en la fibromialgia
·         Reducción de la fibrilación auricular
·         Mejora el control de la diabetes tipo II
·         Alivia los síntomas del síndrome premenstrual
·         Es protector del sistema cardiovascular por diversos mecanismos, disminuyendo la enfermedad y la mortalidad por esta causa
·         Reduce el número de migrañas tanto en niños como adultos, así como la tensión muscular y el dolor producido en las crisis
·         Contribuye a mejorar las alteraciones del sueño y  los desequilibrios de neuromediadores
·         Disminuye los calambres y espasmos musculares
·         Ayuda a mejorar los síntomas en casos de ansiedad, depresión, TDA/TDAH, síndrome de piernas inquietas, tics
·         Colabora para tener un mejor manejo del estrés

La mayoría de las personas pueden mantener sus niveles dentro del rango saludable sin tener que recurrir a los suplementos, con el simple hecho de llevar una alimentación variada que incluya vegetales de hoja verde. Un importante punto que se debe mencionar es que los niveles de magnesio en los alimentos dependen del nivel de magnesio en el suelo en el que son cultivados. Los alimentos biológicos o ecológicos podrían tener más magnesio, ya que los fertilizantes utilizados son orgánicos, con todos los minerales necesarios. 



La suplementación es necesaria cuando ya hay signos de déficit, y debe ser específica de acuerdo al cuadro de cada paciente. Hay diferentes tipos de suplementos de magnesio, siempre asociado a otra sustancia; no existe magnesio al 100%. Dependiendo de esa sustancia la absorción y biodisponibilidad del magnesio será diferente, variando así los efectos sobre la salud. Según la asociación elegida será más útil corrigiendo el déficit, como antiácido o como laxante. Por eso es importante recurrir a un médico formado en micronutrición y no al consejo de la vendedora de la dietética o la farmacia.

Dra. María Laura Grubicy